Sobre nazis, falos de piedra y marketing de guerrilla

Desde que en 1984 Jay Conrad Levison publicase “Guerrilla Marketing. Secrets for making Big Profits from your small business” (Marketing de guerrilla. Secretos para obtener grandes beneficios con sus pequeña empresa), el término “marketing de guerrilla” ha estado presente, con mayor o menor relevancia, en el vocabulario de muchos creativos publicitarios y directores de marketing, especialmente en el de aquellos que han procurado estar siempre al corriente de las últimas tendencias en el mundo de la comunicación comercial.

Levison definió el marketing de guerrilla como el conjunto de “herramientas no convencionales de marketing usadas cuando los recursos financieros o de otro tipo son limitados o inexistentes”. Actualmente son muchas las agencias que ofrecen entre sus servicios este tipo de marketing no convencional, y son muchos los creativos que alardean de haber pensado y realizado rompedoras campañas de marketing de guerrilla, algunas de las cuales ha llegado a viralizarse (otro término publicitario de nuevo cuño) a través de las Redes y los medios de comunicación.

Sin embargo son pocos los que saben que el llamado marketing de guerrilla lleva usándose desde hace décadas, incluso desde antes de que Levison publicase su libro. Cualquier turista que visite las ruinas de Pompeya podrá comprobar como las meretrices de la ciudad anunciaban sus servicios con una sencilla aunque no menos efectiva campaña de marketing que bien podría ser clasificada como “de guerrilla”; unos enormes falos de piedra tallados en la calzada marcaban el camino que los posibles clientes tenían que seguir para llegar hasta el lupanar.

Pero quizá el mejor ejemplo para demostrar que el marketing de guerrilla no es una invención de las actuales generaciones de creativos es el que tuvo lugar en la madrugada del 19 de febrero de 1942 en la ciudad de Winnipeg, capital de la provincia canadiense de Manitoba. Ese día, en plena Segunda Guerra Mundial, un contingente del ejército alemán, venido de no se sabe dónde, se apoderó de la citada ciudad para sorpresa de sus confiados habitantes. Algunas tropas canadienses y voluntarios civiles trataron de hacer frente a los invasores, pero tras media hora de resistencia depusieron las armas y fueron hechos prisioneros. Los alemanes tomaron la radio, el Ayuntamiento y las escuelas; detuvieron al Alcalde y al Jefe de Policía; y a las 9.30 anunciaron la rendición de la ciudad.

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Entonces las tropas germanas comenzaron a saquear las casas y tiendas, a quemar libros y registrar los hogares de los ciudadanos en busca de judíos. La ciudad fue rebautizada con el nombre de Himmerstadt, en honor al fundador y máximo dirigentes de las S.S. Los edificios fueron empapelados con carteles en los que se recogían las disposiciones de los nuevos amos de la ciudad: se establecía el toque de queda a partir de las 21.30, la obligación de acoger cinco soldados alemanes en cada casa, se prohibían las reuniones de más de 8 personas y se amenazaba con la pena de muerte sin juicio a cualquiera que se resistiese al ejército alemán , escondiese armas de fuego o saliese de la provincia sin el permiso correspondiente. La bandera de la Union Jack fue arriada y en su lugar se izó la enseña germana con la esvástica nazi, para oprobio y vergüenza de los hasta ahora alegres y felices vecinos de Winnipeg….arrest_at_city_hall_1942

En mitad del caos producido por esta terrible e inesperada situación, solo había una circunstancia verdaderamente positiva para los ciudadanos de la capital canadiense…; a saber, que todo, todo, todo no era más que una elaborada y genial farsa urdida para concienciar a los ciudadanos de lo que podía pasarles si los nazis ganaban la guerra.

En realidad, se trataba del bautizado como “If day” (El día del “¿y si…?”) y su objetivo no era otro que vender “Bonos de la Victoria”, destinados a sufragar el esfuerzo bélico de la nación. Efectivamente, una vez finalizado el simulacro de invasión, sus organizadores recorrieron las calles de la ciudad con carteles en los que se podía leer: ESTO NO PUEDE SUCEDER AQUÍ. Los habitantes de Winnipeg, que, aunque advertidos de la preparación de la farsa, la habían vivido de manera muy intensa, se volcaron en la adquisición de Bonos de la Victoria, y al terminar la jornadas se habían recaudado 3,2 millones de dólares canadienses. El éxito de la campaña fue tal que otra ciudades del país decidieron copiar la idea y organizar sus propias “invasiones alemanas”. En total, llegaron a recaudarse 60 millones de dólares canadienses en Bonos de la Victoria. La campaña consiguió además concienciar sobradamente a los canadienses de la necesidad de ganar la guerra costase lo que costase.

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Ejemplo de publicidad gráfica de la campaña. Creo que no hacen falta explicaciones.

En nuestros días el marketing de guerrilla es uno de los recursos habituales del marketing en general, aunque quizá ninguna campaña llegue a alcanzar el impacto del “If day”, que hizo que una mañana de 1942 los habitantes de una pequeña ciudad canadiense supieran en sus carnes lo que suponía ser invadidos por las tropas del mismísimo Adolf Hitler.

Más información en :

https://en.wikipedia.org/wiki/If_Day

http://historiasdelahistoria.com/2016/08/30/el-dia-que-los-nazis-invadieron-canada

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