Había un anuncio del siempre genial Tom McElligott (o por lo menos de su agencia Fallon McElligott) que decía algo así como «Es sorprendente cómo muchas personas cambian su visión de la publicidad cuando tienen que vender algo», todo esto sobre la página de anuncios por palabras de un tabloide americano. El anuncio formaba parte de una campaña cuyo objetivo era dignificar la publicidad presentándola como un elemento clave de la economía de mercado y de la libertad de elección del consumidor. Por ejemplo, otro anuncio de esta campaña mostraba a una chica joven con el rostro cubierto de espuma de afeitar y una maquinilla en la mano, con el siguiente titular: «A pesar de lo que algunos piensan, la publicidad no puede hacer que compres algo que no necesitas».
Autor: jdeltio
Too old for advertising, too young to die.
Llevo viviendo de la publicidad, con mayor o menor fortuna, desde hace ya muchos años; he ganado algún que otro premio en festivales publicitarios como los de San Sebastián (ahora El Sol), Cannes, Clio, Fiap o Eurobest; esta profesión me ha permitido conocer gente muy interesante, divertida y enriquecedora, alojarme en hoteles de lujo y comer en magníficos restaurantes; y sin embargo, no me queda más remedio que afirmar que el de la publicidad es un oficio jodido, sobre todo cuando ya has superado las cuarenta y cinco primaveras. Os explicaré por qué. Seguir leyendo
Anuncios «realmente» acertados….y no tan acertados.
Estaba yo en Casadevall Pedreño & PRG cuando Vogue nos encargó una campaña para promocionar su revista para Novias. Desde el primer momento lo tuvimos claro: se trataba de vender elegancia, distinción y «glamour», una publicación para bodas con clase. En aquellos días nuestro actual rey, Felipe VI, era todavía un soltero de oro y no se hablaba ni de bodas ni de compromisos. Sin embargo, nos atrevimos a dar el pistoletazo de salida para todas las aspirantes a convertirse en la futura Reina de España y, efectivamente, unos años más tarde el Príncipe anunció su compromiso con la periodista Letizia Ortiz. Seguir leyendo
La Fauna de Lintas y otras historias.
Una de las cosas buenas de esta profesión es que conoces a muchas personas, sobre todo si, como es mi caso, has cambiado muchas veces de agencia. Algunas de esas personas se convierten en amigos; otras se quedan en simples conocidos; y algunas otras no las quieres volver a ver en lo que te resta de vida.
Solo estuve seis meses en Lintas, pero me bastaron para comprender que los publicitarios constituimos una fauna muy especial: unos extraños animales convencidos de que realizamos el trabajo más importante del mundo y de que el resto de los mortales está pendiente de todas nuestras ocurrencias. Con esto no quiero decir que todos los que viven o malviven de la publicidad sean unos engreídos insoportables, tan solo quiero señalar que nuestro gremio peca a veces de un excesivo «ombliguismo», lo cual a veces se traduce en anuncios hechos por publicitarios para publicitarios.
Pero dejémonos de tanta filosofía y vayamos a los cotilleos, que es lo que realmente importa. Dicho de otra manera: ¿a quién conocí en Lintas? Seguir leyendo
¿Por qué El Tío de las Ideas es El Tío de las Ideas?
Sin duda, todos habréis captado el sutil juego de palabras que he establecido entre mi apellido y el título de este blog. Pero hay algo más: desde que comencé a navegar en el procelosos océano de la publicidad (bonita metáfora, ¿eh?) siempre quise ser ese creativo silencioso y pensativo al que se le ocurre la idea genial que transforma una campaña sin gracia en una campaña ganadora. Seguir leyendo
Un trainee en la corte del Rey Lever
Hacer un «training» (o unas practicas, como se dice en román paladino) suele ser el primer paso para un joven que pretenda trabajar en una agencia de publicidad. En mi caso realicé mi «noviciado» publicitario en la multinacional Lintas, agencia vinculada al grupo anglo-holandés Unilever (Lintas eran las siglas de Lever International Advertising Services), cuya filosofía como empresa impregnaba todas sus campañas. Seguir leyendo
Modelos y jamón cocido (o cómo me metí en esto de la publicidad)
Tenía yo unos catorce o quince años cuando mi hermano mayor comenzó a trabajar en una agencia de publicidad. Hasta entonces nunca había caído en la cuenta de que los anuncios los hacen personas, ni había pensado que alguien se pudiera ganar la vida de esa manera; en mi mentalidad adolescente los anuncios aparecían en las pantalla del televisor y en las páginas de los diarios mediante algo similar a la generación espontánea, de un modo tan natural como los movimientos de las mareas o la caída de las hojas en otoño.
Así, gracias a mi hermano, me enteré de que existían unos tipos denominados “creativos” que se dedicaban a pensar ideas para hacer anuncios y comencé a familiarizarme con palabras como “copy”, “brainstorming”, “marketing” o “teaser”. Seguir leyendo

