Get out of my agency, you bastard!

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“Cuando fundamos nuestra agencia, teníamos en mente el tipo de personas que queríamos con nosotros. Había dos requisitos: tenías que tener talento y ser una buena persona. Si eras simpático pero sin talento, lo lamentábamos mucho, pero simplemente no podía ser. Teníamos que ‘hacerlo’. Y solo un gran talento nos ayudaría a conseguirlo. Si eras un tipo talentoso, pero no una buena persona, no dudábamos en decir ‘No’. La vida es demasiado corta para sacrificarla  viviendo con un bastardo “. 

(Bill Bernbach,  1911-1982)

Frecuentemente, en los libros, revistas y blogs dedicados a la publicidad se citan numerosas frases de Bill Bernbach relativas a la creatividad, las relaciones con los clientes, el marketing y la comunicación. Pocas veces, sin embargo, aparecen frases como la anterior, en la que el genial publicitario mostraba su preocupación por el carácter y los valores éticos de sus empleados y colaboradores. Como queda claro en el párrafo, Bernbach situaba en el mismo plano de importancia el talento profesional y la bondad. Si eras un tipo majo pero carecías de talento, las puertas de su agencia estaban cerradas para ti; pero igualmente, si eras un cabrón, ya podías tener todo el talento del mundo, que jamás entrarías en ella. Seguir leyendo

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De clásicos y modernos

 

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La de creativo publicitario es una profesión peculiar. Aunque la publicidad no deja de ser una herramienta del marketing, esto es, comercial, se nutre de disciplinas artísticas como el cine, la fotografía, la pintura, el cómic, la literatura y, por supuesto, la música. El creativo publicitario tiene algo de artista multidisciplinar y algo de vendedor a gran escala. La principal diferencia entre un artista y un creativo publicitario es que para el primero el arte es un objetivo en sí (el arte por el arte), mientras que para el segundo el arte es un instrumento, una herramienta de trabajo. Seguir leyendo

Tan real como la vida misma.

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Voy en el autobús, camino de mi trabajo. Como siempre, viajo enfrascado en la lectura de un libro. Estoy tan acostumbrado a leer en el Metro y el autobús que, habitualmente, las conversaciones de los demás pasajeros apenas logran sacarme de mi ensimismamiento. Sin embargo, esta mañana dos chillonas voces femeninas impiden que me concentre en la lectura. No veo las caras de las mujeres que conversan en el asiento de atrás pero por el timbre de sus voces no me cabe duda de que se trata de dos señoras muy mayores,  septuagenarias como poco. Trato en vano de ignorar el sonido atiplado de sus voces, pero cuando advierto que su conversación deriva hacia el tema de la publicidad, abandono por completo la lucha  y, en parte por resignación y en parte por interés profesional, comienzo a escuchar atentamente su charla.

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Nuevo capítulo: donde se narran las aventuras y desventuras de nuestro héroe en la agencia de los señores Young y Rubicam.

Entré en Young&Rubicam dominado por una sensación agridulce: por una parte, acababa de dar un gran paso en mi carrera profesional, al conseguir un puesto de Director Creativo en una de las agencias más importantes del mundo; por otra parte, dejaba en Bassat a muchos amigos, un lugar donde mi capacidad profesional era apreciada y reconocida, y, sobre todo, a la persona que ya se había convertido en mi media naranja. Sin embargo, estaba convencido de que era el destino el que me había conducido hasta allí. Fichar por Y&R representaba subir unos cuantos metros más en mi ascenso hacia la cumbre (eso me decía mi Pepito Grillo profesional); era un tren que no podía dejar pasar, una gran oportunidad para demostrar al mundo mi talento creativo, eso pensaba, pero en el fondo sabía que echaría mucho de menos compartir los mejores momentos del día con la dama que me había robado el corazón. Seguir leyendo

Algunas cosas que nunca comprendí de los spots de la TV

INTERROGACIÓN¿Por qué en muchos de los anuncios que vemos en la televisión cuando quieren representar a un anciano moderno y vitalista se limitan a poner a un señor o señora de 40 años con el pelo teñido de blanco y sin una sola arruga? ¿Es que los realizadores nunca han oído hablar de una cosa llamada Inserso o es que creen que todos los ancianos son como Jane Fonda?

¿Por qué cada vez que aparece un grupo de amigos en un automóvil van sacudiendo sus cabezas al compás de un tema de heavy metal? Los tíos somos más simples y primitivos que las mujeres, eso está claro, pero nunca llegamos a tanto. Lo más normal es que cuatro maromos metidos en un coche permanezcan sumidos en sus propios pensamientos y emitiendo gruñidos de vez en cuando. Desde luego, nada de coreografías sincronizadas. Seguir leyendo

Homo Anunciator

Había un anuncio del siempre genial  Tom McElligott (o por lo menos de su agencia Fallon McElligott) que decía algo así como “Es sorprendente cómo muchas personas cambian su visión de la publicidad cuando tienen que vender algo”, todo esto sobre la página de anuncios por palabras de un tabloide americano. El anuncio formaba parte de una campaña cuyo objetivo era dignificar la publicidad presentándola como un elemento clave de la economía de mercado y de la libertad de elección del consumidor. Por ejemplo, otro anuncio de esta campaña mostraba a una chica joven con el rostro cubierto de espuma de afeitar y una maquinilla en la mano, con el siguiente titular: “A pesar de lo que algunos piensan, la publicidad no puede hacer que compres algo que no necesitas”.

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La Fauna de Lintas y otras historias.

zoo_signs_by_grace2designUna de las cosas buenas de esta profesión es que conoces a muchas personas, sobre todo si, como es mi caso, has cambiado muchas veces de agencia. Algunas de esas personas se convierten en amigos; otras se quedan en simples conocidos; y algunas otras no las quieres volver a ver en lo que te resta de vida.

Solo estuve seis meses en Lintas, pero me bastaron para comprender que los publicitarios constituimos una fauna muy especial: unos extraños animales convencidos de que realizamos el trabajo más importante del mundo y de que el resto de los mortales está pendiente de todas nuestras ocurrencias. Con esto no quiero decir que todos los que viven o malviven de la publicidad sean unos engreídos insoportables, tan solo quiero señalar que nuestro gremio peca a veces de un excesivo “ombliguismo”, lo cual a veces se traduce en anuncios hechos por publicitarios para publicitarios.

Pero dejémonos de tanta filosofía y vayamos a los cotilleos, que es lo que realmente importa. Dicho de otra manera: ¿a quién conocí en Lintas? Seguir leyendo

¿Por qué El Tío de las Ideas es El Tío de las Ideas?

bigstock-Bright-Idea-5453884Sin duda, todos habréis captado el sutil juego de palabras que he establecido entre mi apellido y el título de este blog. Pero hay algo más: desde que comencé a navegar en el procelosos océano de la publicidad (bonita metáfora, ¿eh?) siempre quise ser ese creativo silencioso y pensativo al que se le ocurre la idea genial que transforma una campaña sin gracia  en una campaña ganadora.  Seguir leyendo

Modelos y jamón cocido (o cómo me metí en esto de la publicidad)

jamon-cocido-extraTenía yo unos catorce o quince años cuando mi hermano mayor comenzó a trabajar en una agencia de publicidad. Hasta entonces nunca había caído en la cuenta de que los anuncios los hacen personas, ni había pensado que alguien se pudiera ganar la vida de esa manera; en mi mentalidad adolescente los anuncios aparecían en las pantalla del televisor y en las páginas de los diarios mediante algo similar a la generación espontánea, de un modo tan natural como los movimientos de las mareas o la caída de las hojas en otoño.

Así, gracias a mi hermano, me enteré de que existían unos tipos denominados “creativos” que se dedicaban a pensar ideas para hacer anuncios y comencé a familiarizarme con palabras como “copy”, “brainstorming”, “marketing” o “teaser”. Seguir leyendo